Millones de niños viven con estrés crónico por riesgo de deportación de sus padres

Se trata de una comunidad completa que padece de estrés crónico, pero el impacto es mayor cuando los padres de los menores también sufren ese tipo de estrés

El pediatra Fernando Mendoza, de la Universidad de Stanford, habla en la Universidad de California en San Diego sobre el impacto del estrés crónico que viven millones de niños con al menos un padre indocumentado, en constante riesgo de deportación. Foto inmigración.com / Manuel Ocaño
Manuel Ocaño / Inmigración.com

SAN DIEGO, CALIFORNIA.- Jaime está por cumplir los 9 años de edad y su madre dice que últimamente no come ni duerme bien; afirma que desde que el presidente Donald Trump asumió el cargo, el niño tampoco logra concentrase como quisiera en la escuela.

“Tiene miedo de que un día regrese de la escuela y yo ya no esté aquí, o su papá”, dijo la madre. Sale a jugar un poco pero sus padres lo sienten decaído.

Mientras Jaime intentaba hacer su tarea, contó que “…es que así le pasó a una niña de mi escuela; en su casa ya no estaba su papá”.

Jaime conoce personalmente a la menor. La encontró en la calle y “la vi que lloraba mucho”, platicó.

“A veces hemos pensado irnos a México”, explicó la madre a Inmigración.com a condición de anonimato, “pero allá no tenemos de qué vivir, y el niño (Jaime) y su hermanita son de acá (de Estados Unidos), no les queremos quitar sus oportunidades”.

“Uno de cada seis niños en California vive esas mismas condiciones”, afirmó el doctor Fernando Mendoza, rector de programas de minorías étnicas de la división de Pediatría de la Universidad de Stanford.

“Piénselo bien, el impacto que tienen las políticas migratorias cuando usted ve pasar niños y uno de cada seis es un niño de quien al menos uno de sus padres está en riesgo permanente de deportación”, dijo Mendoza, nieto de un inmigrante mexicano que peleó en la revolución mexicana e hijo de padres inmigrantes campesinos en California.

Se trata de una comunidad completa que padece de estrés crónico. Pero el impacto es mayor cuando los propios padres de los menores también sufren ese tipo de estrés.

El doctor Mendoza advierte que si continúan en los próximos tres años las políticas de deportación de la administración del presidente Trump, el impacto social será devastador no solo para la comunidad inmigrante y sus familiares e hijos estadounidenses, sino para la sociedad en su conjunto.

“El próximo año, la población infantil de minorías étnicas en el país será por primera vez mayor que la de niños anglosajones, y dentro de aproximadamente 30 años las minorías étnicas van a sumar más residentes que los de raza blanca”, de acuerdo con estudios de Mendoza en Stanford.

Entonces, el impacto se anticipa no solamente ahora, sino en generaciones venideras.

La Asociación Psicológica Americana describe en su página de internet que “el estrés crónico, si no se trata, puede tener consecuencias adversas para la salud, entre ellas ansiedad, insomnio, dolor muscular, alta presión y debilitamiento del sistema inmunitario”.

Pero también “las investigaciones demuestran que el estrés puede contribuir al desarrollo de enfermedades graves tales como enfermedades cardiacas, depresión y obesidad”.

Como la madre de Jaime, hay cientos de miles de padres y madres indocumentados que ante el temor de ser deportados y separados de sus hijos piensan en mudarse a México o a otros países. Cuando llegan a hacerlo, sus hijos pequeños no tienen otra opción más que seguirles.

“Más de 700 mil niños estadounidenses viven actualmente en el auto exilio en México al seguir a sus padres que han sido deportados o decidieron salir del país para librarse de potencial deportación”, de acuerdo con el profesor Armando Vázquez Ramos, director del Centro de Estudios California México.

Cuando a los menores estadounidenses no se les deja otra alternativa que seguir a sus padres al extranjero “se les violan sus derechos constitucionales”, dijo el analista de la Universidad Estatal en Long Beach.

El profesor Vázquez Ramos calcula que en total puede haber hasta un millón de niños estadounidenses en el auto exilio si se suman además de los hijos de padres mexicanos, los de centroamericanos que han preferido salir del país para prevenir la deportación.

Pero la mayoría de los inmigrantes indocumentados, o trabajadores no autorizados, como también se les llama, prefieren continuar en Estados Unidos con la esperanza de un cambio.

El Centro de Investigaciones Pew calculó en el 2014 que de casi doce millones de indocumentados, por lo menos cinco millones 300 mil llenarían los requisitos para un programa Acción Diferida para Responsabilidad Paterna (DAPA) que quedó sin efecto.

“Como sucedió con ese programa, han sido varias veces que nos ilusionamos para luego desilusionarnos”, lamentó la mamá de Jaime en San Diego. “Nosotros creemos que lo mejor es quedarnos aquí pero vivir con mucho cuidado; al final si nos vamos, las preocupaciones van a continuar y además les vamos a quitar a los niños sus posibilidades, su futuro”.