Salvadoreño observa un panorama desolador si regresa a su país natal

“Significa que tenemos que abandonar el país que ha sido nuestro hogar por casi dos décadas o entrar a la ilegalidad, que es de una dureza inimaginable”, Francisco Ayala, beneficiario del TPS desde el 2001

El TPS es un programa migratorio creado en 1990 con el que Estados Unidos concede permisos de residencia de forma extraordinaria a los nacionales de países afectados por conflictos bélicos o desastres naturales. Foto EFE/Archivo
Carmen Molina Tamacas / inmigración.com

NUEVA YORK.- A Francisco Ayala el anuncio de la terminación del Estatus de Protección Temporal (TPS) para los salvadoreños no le generó sorpresa. Ahora, a sus 50 años, con una vida profesional hecha y un hijo adolescente, esto implica replantearse todo.

Ayala llegó el 4 de julio del 2000 a Washington DC a estudiar una maestría. Entró con visa de estudiante y su esposa con visa de acompañante. Después del 2001, cuando la Administración Bush avaló el TPS como una forma de ayudar al país tras dos terremotos, Ayala se acogió aunque su esposa no pudo hacerlo por ser de otra nacionalidad.

“Yo presentía que este gobierno no extendería el TPS. Ya había visto la cancelación del TPS para haitianos y hondureños y no esperaba otra cosa. La palabra “Temporal” siempre estuvo allí y era solo cuestión de tiempo para que un gobierno la hiciera cumplir”, reflexionó. Ayala agregó que “ahora tenemos el gobierno más anti-inmigrante en este país desde la expulsión de cientos de miles de braceros mexicanos en los años cincuenta”.

Francisco Ayala es un salvadoreño de 50 años de edad originario del departamento de San Miguel.  / Foto Cortesía para inmigración.com

Calificó el anuncio como un cataclismo. “Significa que tenemos que abandonar el país que ha sido nuestro hogar por casi dos décadas o entrar a la ilegalidad, que es de una dureza inimaginable”, dijo Ayala, quien trabaja en una agencia que ayuda a refugiados en Arkansas.

Dijo que es duro darse cuenta que personas que han tenido privilegios de residente -números de Seguro Social, permisos de trabajo, acceso a ciertas becas, licencias de manejo- “en un año serán iguales a los indocumentados que viven como obreros haciendo trabajos inimaginables”. Sin embargo, observa que hay caminos legales para muchos y por eso les recomienda buscar a un abogado de inmigración.

El panorama que Ayala observa para quienes regresen no es nada alentador. Opina que el regreso a sus países de origen como Honduras y El Salvador, con altos niveles de violencia, dependerá de cada persona.

Predice que algunos serán asesinados en los primeros días de su retorno. Asimismo, considera que estos países no están preparados para recibir a decenas de sus connacionales con sus familias. “La catástrofe para Centroamérica llegará en los próximos 24 meses”, puntualizó.

Ayala es un hombre de 50 años de edad que rehizo su vida en una nación que no es la suya. “El final del TPS me obliga a salir de este nicho para crearme uno nuevo en otra parte del mundo, y en esa lista de lugares está la Centroamérica de las masacres secretas. No es fácil hacerlo en la juventud, y es aún más difícil luego de cierta edad”.

Asimismo, soy padre de un joven de 17 años. Para cuando el TPS expire definitivamente ya será un adulto, pero un adulto joven. Otros beneficiarios tienen hijos infantes y tendrán que decidir si se los llevan a Centroamérica, los dejan con tutores legales o si se los llevan a vivir a la ilegalidad esperando que esos jóvenes, como ciudadanos estadounidenses, soliciten la legalidad para sus padres en Estados Unidos una vez que cumplan 21 años de edad”, concluyó.